HealthcareMi esposo no quiere morir. Solo quiere vivir para ver crecer a nuestro hijo.
Mi nombre es Ana Rodríguez, y hoy escribo estas palabras con el corazón completamente destrozado.
Mi esposo no quiere morir. Solo quiere vivir para ver crecer a nuestro hijo.
Mi nombre es Ana Rodríguez, y hoy escribo estas palabras con el corazón completamente destrozado.
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Mi nombre es Ana Rodríguez, y hoy escribo estas palabras con el corazón completamente destrozado. Mi esposo, Ricardo Rodríguez, fue diagnosticado con cáncer de colon, una enfermedad agresiva que se desarrolla en el intestino grueso y que, poco a poco, va consumiendo no solo el cuerpo, sino también la esperanza de toda una familia. Nuestra vida cambió por completo. El hombre fuerte, trabajador y lleno de sueños que siempre sostuvo nuestro hogar hoy está extremadamente debilitado. El cáncer y los tratamientos han dejado a Ricardo muy débil. Ha perdido mucho peso, vive con dolores constantes, casi no puede comer, pasa la mayor parte del tiempo acostado y cada día tiene menos fuerzas para levantarse de la cama. Además, los tratamientos le provocan náuseas, vómitos, pérdida del apetito, un cansancio extremo y una debilidad que le impide realizar incluso las actividades más simples. A pesar de todo el sufrimiento que enfrenta, hay una frase que repite todos los días mientras mira a nuestro pequeño hijo: “No quiero morir… solo quiero vivir para ver crecer a mi hijo.” No existe un dolor más grande para una esposa que escuchar esas palabras y no saber cómo aliviar ese miedo. Ricardo ya no puede trabajar debido a la enfermedad. Y yo tampoco puedo hacerlo, porque debo cuidarlo las 24 horas del día. Él depende de mí para tomar sus medicamentos, ayudarlo a levantarse, acompañarlo a sus consultas y estar a su lado en cada momento de esta difícil batalla. Nuestra única prioridad ahora es luchar por su vida. Sin ingresos, nuestra situación se ha vuelto desesperada. Además de los gastos de consultas, estudios, medicamentos, alimentación especial y transporte para sus tratamientos, hoy también nos cuesta comprar alimentos y cubrir las necesidades más básicas de nuestro pequeño hijo. Nunca imaginé que tendría que pedir ayuda públicamente, pero hoy no nos queda otra opción. Si puedes hacer una donación, sin importar el monto, estarás ayudando a que Ricardo continúe con su tratamiento, pueda acceder a los medicamentos que necesita y que nuestro hijo tenga lo indispensable mientras seguimos luchando por mantener unida a nuestra familia. Y si en este momento no puedes colaborar económicamente, te pido de todo corazón que compartas nuestra historia. Tal vez llegue a alguien que pueda darnos una oportunidad para seguir adelante. En nombre de mi esposo Ricardo, de nuestro hijo y de toda nuestra familia, gracias por tomarte el tiempo de leer nuestra historia. Que Dios bendiga tu vida y la de tu familia.
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